Enigma en la floresta… ¡Muchos conocen Chanchamayo pero pocos Uchubamba!

Muchos conocen Chanchamayo, pero pocos Uchubamba, una joya perdida en la Selva Central.

Era mediodía y el sol derretía el aire, pero nadie se quejaba, pues estábamos fascinados ante la turbadora belleza de la laguna Chimay, de aguas turquesas y esmeraldas, rodeada de bosques y montañas. Estábamos a medio camino entre San Ramón y Uchubamba. Ivonne tenía razón. “Para hablar de Chanchamayo, te falta visitar mi tierra”, me había dicho. Pensaba que conocía la Selva Central de arriba para abajo. He estado ahí más de cincuenta veces. De manera que Ivonne me puso en aprietos cuando me dijo que estaba segura de que no conocía su pueblo. “Uchubamba”, Me dijo. Me quede callado, buscando el nombre en mi cerebro. Ivonne, al ver mi cara de confundido, se carcajeó: “Te agarré, explorador”.

Agua Bella

Laguna ChimayLlegamos a las  5:30 de la madrugada a San Ramón, una hora antes de lo esperado. El sol pestañeaba sobre las verdes colinas mientras nos internábamos por el valle de Tulumayo, que nos llevaría a la misteriosa Uchubamba. Don Ángel Parra, padre de Ivonne, iba al volante de su 4×4 y detuvo el carro para paladear la sinuosa belleza del río Tulumayo y deleitarnos con exquisitas orquídeas al borde de la carretera. Lo más destacado de esta vía, sin embargo, es la laguna Chimay.

Al llegar a Uchubamba (1.820 m.), sentimos un ambiente más fresco que San Ramón (820 m.). Don Ángel nos señaló una arboleda situada a la mitad del cerro Cutupula y nos dijo que ocultaba dos majestuosas cataratas. Cruzamos puentes antiguos –a veces solo troncos. Sobre el rumoroso riachuelo Zarza: Mariposas naranjas y azules se posaban en piedras de musgo y líquenes. Luego de pasar por una cascada, el sendero se tornó resbaloso mientras transitaba por un denso follaje. Un paraíso original. Esta sensación se acentuó cuando asomaron a las cataratas. El Ángel, 30 metros de caída sumando ambas, en medio de una selva primigenia de aroma dulzón, donde es posible apreciar gallitos de las rocas.

Frontera geográfica

El Siguiente destino era un inmejorable mirador de pueblo y el valle, llamado Yanahuanca (“piedra negra”), pero Don Ángel se percató de que la trocha había desaparecido, invadida por los arbustos, enredaderas y altos pajonales. A los pocos metros de introducirnos en la maleza, Ivonne resbaló y cayó de la cabeza en una profunda grieta. Pero Ivonne es macha; vio que no se había roto nada y siguió. Finalmente, llegamos a Yanahuanca. Don Ángel nos advirtió que esta piedra negra es considerada sagrada, y en su parte baja hay una cueva con entierro de “gentiles”. Sea como sea, el panorama era soberbio, se veían desde quebradas tropicales hasta montañas elevadas que llegan a cubrirse de nieve. Tuvimos el privilegio de apreciar la frontera entre la Selva y la Sierra. También nos ganamos con la distribución del pueblo de Uchubamba: una larga calle que culmina en la plaza. Inmediatamente nos llamó la atención la torre de la iglesia. Y hacia allí nos dirigimos.

Iglesia de Uchubamba y Aguas termales de Uchubamba

La placita era bucólica en el sentido estricto de la palabra: bardas de madera, floripondios, flores y una glorieta con techo de paja. Pero lo que  sobresalía era una esbelta torre blanca descascarada por los siglos y coronada por un campanario. Esta torre data de 1619 y sobrevivió milagrosamente al terremoto de 1947. Hercilia y Zelmira Parra, tías de Ivonne, nos brindaron alojamiento, calor de hogar, el mejor café del mundo y tamales libres de transgénicos.

La última noche mirando la Cruz del Sur nos comprometimos a acudir a la mañana siguiente a los baños termales de Tambomayo. A la hora de la hora, el único que se atrevió a introducirse en las dichas aguas (templadas, no calientes) fue este servidor. Los demás alegaron tener mucho frío y no haber traído ropa de baño, pero la verdad es que arrugaron, La poza está libre, el suelo es de arena y burbujea en su centro. Al salir tirité como epiléptico. Pero no me arrepentí: bañarme en Tambomayo fue como nacer de nuevo.

Fuente: Revista Vamos
Escribe: Álvaro Rocha
Fotos: Juan Luis Orrego

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